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Historia de la Hermandad
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Hasta hace unos años, tan solo se sabía de cierto que la Hermandad fue reconstituida en 1940, tras la Guerra Civil. Hoy, gracias a las investigaciones de jóvenes historiadores locales sabemos que su origen se remonta al 11 de junio de 1718, cuando el padre Fray José de San Antonio, provincial de los carmelitas descalzos de Andalucía baja, otorga carta de hermandad a un grupo de fieles que deseaban venerar a Nuestra Señora de los Dolores. La Cofradía de los Dolores se va a dividir en varias escuadras o secciones, una de ellas la del Señor de la Paciencia. Las otras van a ser: San Juan, Jesús Caído (o Señor de la Misericordia), San Elías, San Pedro, el Prendimiento, la Entrada en Jerusalén y la Cena, que, al parecer, desapareció después para incorporarse la escuadra del Niño Jesús de los Dolores. Su primera residencia canónica fue, pues, el desaparecido convento de carmelitas, de donde las imágenes de la Cofradía pasarían a la parroquia de Santa María la Mayor tras la desamortización de Mendizábal, ya en el siglo XIX. Durante esta primera etapa de la Hermandad, la estación penitencial tenía lugar el Miércoles Santo por la mañana.

El siglo XIX es, por ahora, una incógnita en lo que a la historia de la Hermandad se refiere. El único dato es la descripción de la capilla del Señor de la Paciencia en un inventario de 1889, donde se deja claro que la imagen se encontraba junto a la puerta de la Caridad, en el mismo lugar donde hoy día sigue siendo venerado.

A principios del siglo XX consta que la Cofradía de los Dolores realizaba su estación penitencial el Miércoles Santo, pero por la tarde. El que tuvo que ser gran cortejo procesional durante el XVIII ya se había acortado, y tan solo desfilaban Jesús Caído, el Señor de la Paciencia y la Virgen de los Dolores. La Borriquita, solo lo hacía de forma ocasional; y en este caso la procesión era el Domingo de Ramos, a las cinco de la tarde.

En 1919 la condesa de Agramonte, esposa del conde de La Quintería,  sufraga las obras de restauración de la capilla. Es la primera noticia que tenemos de la vinculación de los condes de la Quintería con nuestra Hermandad, que va a tener su punto más álgido cuando, tras la Guerra Civil, don Rafael Pérez de Vargas sea quien la revitalice. Desde esa época, la capilla alberga el valioso manuscrito de San Juan de la Cruz Dichos de luz y amor, sustituido hace unos años por un ejemplar facsímil, que es el que también lleva el Cristo a sus pies en su trono en la tarde-noche del Miércoles Santo. Otro ejemplo de unión con la antigua Cofradía de los Dolores del Carmen.

Ya en esta época era frecuente oír hablar del «Cristo de los carpinteros», en alusión al Señor de la Paciencia, vinculación que posiblemente surgiría en los inicios de la Hermandad, cuando el mundo gremial solía buscar la protección de una determinada imagen sagrada.

Los luctuosos hechos de 1936 dieron al traste con todo. Tan solo logró salvarse ese pequeño cuadro que hoy luce el estandarte de Nuestro Padre Jesús de la Paciencia, en forma de medallón, algo tan común a las hermandades penitenciales de Andujar; y los dos adornos en forma de jarrón de flores que el Cristo tiene en su camarín y que se pueden apreciar en una vieja fotografía de principios del siglo XX.   

Tras la guerra surge una corporación religiosa, que va a contar con la tutela y la protección de don Rafael Pérez de Vargas, conde de La Quintería, hasta el fallecimiento de este. El conde costea todos los gastos de la misma, empezando por la nueva imagen del Cristo, obra del imaginero Amadeo Ruiz Olmos. El paso saldrá de los talleres andujareños de Rodríguez Mefre. Será en la Semana Santa de 1941 cuando procesione el Señor de la Paciencia por vez primera tras la contienda civil.

La Cofradía vive un momento dulce, ya que recupera parte de su antiguo esplendor, y contribuye junto a otras hermandades a la configuración de la nueva Semana Mayor en Andújar. Pero todo se trunca cuando fallece el conde de La Quintería. Don José Pérez de Vargas y del Río, sobrino del finado y heredero del título, no va a tutelar a la Cofradía de la Paciencia con la misma solicitud con que lo hacía su tío. Es por ello que en la década de los sesenta, algunos hermanos deciden tomar las riendas de la Hermandad y tratan de salir adelante con la venta de lotería nacional. No obstante, en un momento determinado, se tomará la decisión de suspender en años alternos el desfile procesional, al no contar la Hermandad con fondos suficientes para el mismo.

A principios de los setenta, un grupo de cofrades se compromete a organizar la procesión todos los años. Suman esfuerzos, se turnan en el cargo de hermano mayor, y sacan a flote la Hermandad que se convierte, por tanto, en una de las pocas que no sufrirá la terrible crisis que afectó a esta devoción popular en los años sesenta y setenta. Eso sí, el desfile, que solía tener lugar el Miércoles Santo, se pasó al Jueves, para que tuviera mayor repercusión; y  dejó de desfilar  con la Hermandad Nuestro Padre Jesús Caído, que se incorporó a la Cofradía de la Esperanza en 1973.

En 1982, el cofrade Antonio Cáceres Barea donó a la Hermandad la imagen de una Virgen salida del taller de Antonio Castillo Lastrucci, y fechada en 1964. La talla, perteneciente a una advocación de gloria, fue transformada levemente mediante una restauración por parte del pintor Luis Aldehuela, y fue bendecida bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario.

Rápidamente la Hermandad se movilizó para lograr que cuanto antes desfilara junto a su Hijo la imagen de María. Todo ello coincidió con la feliz década de los ochenta, que vio el nacimiento de nuevas hermandades y el resurgir de otras. La incorporación de gente joven a las juntas de gobierno, el fortalecimiento de una conciencia cofrade plena, y en el caso de nuestra Hermandad, la ingente labor de personas como José Palomino Gallardo, hermano mayor de la Cofradía durante trece años, contribuyó a que María Santísima del Rosario desfilara por las calles de Andújar en el año 1988, sobre un trono realizado por el señor Quirós, en madera sobredorada. En años venideros, ambos pasos comenzaron a ser portados por hermanos costaleros, y se adquirieron nuevos enseres para el culto interno y externo.

La vida de la Cofradía se revitaliza en las décadas siguientes: participa en la festividad de las cruces de mayo, monta altar el día del Corpus Christi, celebra pregón en honor a sus Titulares, se crean nuevos espacios para la convivencia cofrade, etc. Este impulso va a dar como resultado un nuevo proyecto ilusionante: la incorporación a la Hermandad de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Paz en su Entrada Triunfal en Jerusalén, la popular Borriquita, ausente de la Semana Santa de Andújar desde antes de la guerra. La imagen va a salir de la gubia del imaginero Jaime Babío Núñez y se incorpora al Domingo de Ramos andujareño en el año 2002. En los últimos años se ha ido completando el paso de Misterio con las figuras de dos niños hebreos, San Pedro y Santiago apóstol, obra de Manuel Martos Leyva.

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